Es aquel estudiante que, habiendo recibido la adecuada capacitación, se constituye en un recurso entre pares, encargado de advertir situaciones de peligro con fines de prevención en materia de violencia sexual, o bien para orientar acerca de cómo proceder ante la ocurrencia de estos hechos en los lugares o actividades en que se encuentre. El observador activo es capaz de identificar hechos de violencia sexual, pudiendo intervenir oportunamente, y también conoce los procedimientos o protocolos a seguir cuando estos hechos ya se han producido. El servicio de Salud Estudiantil cuenta con un programa especial de formación de observadores activos, conocido como el Programa Stop (Véase Programa Stop).